Suicidio universitario (extraído del Milicia número 43)

Históricamente, se ha asociado el término de Universidad con el de Comunidad, donde todos los docentes y alumnos tenían cabida. Hoy, en España, más de 45.000 jóvenes no pueden cursar estudios universitarios debido a causas económicas.

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Hoy me gustaría hablar de un tema que quizá, la mayoría de la población, no esté informada del mismo debido a que los medios de “comunicación” del sistema, no le dedican suficientes minutos o artículos, y es la educación universitaria en España. Seguramente, si preguntásemos a cualquier ciudadano su opinión sobre el mismo, nos diría que tenemos un problema con la educación universitaria (y en general, con la totalidad del sistema educativo), pero no sabría decirnos cuales son esos problemas y, sobre todo, cual es el origen de éstos.
Por una parte, uno de los múltiples problemas que ofrece el actual sistema educativo universitario en España, es la oportunidad que se le niega a muchos jóvenes a cursar una carrera, debido principalmente, a la gran subida de tasas sufrida en los últimos años, siendo más severa en algunas Comunidades Autónomas, aumentando así las diferencias entre españoles según donde vivan, y por otro lado, la falta de becas que ayuden a financiar el coste de los estudios a los estudiantes. Futuros potenciales médicos, arquitectos, abogados, ingenieros, historiadores, periodistas… a los que se les niega la oportunidad de serlo. Futuros investigadores de enfermedades, de técnicas para la consecución de una energía sostenible, futuros jueces qu defiendan unos valores verdaderamente justos… que se quedarán por el camino debido a que este sistema, ultracapitalista y liberal, no puede hacer negocio con ellos. Y para colmo, debemos sumar a esta problemática una gran tasa de paro juvenil y una gran precariedad en el trabajo disponible, que hace totalmente imposible que un alumno compagine estudios y trabajo, sirviéndose de su sueldo para hacer frente a las abusivas tasas ya mencionadas. Por otra parte, debemos hablar de los alumnos que, por suerte, si están pudiendo cursar una carrera universitaria. Años de esfuerzo y estudio, donde por suerte, es la mayor preocupación que tienen la mayoría de alumnos. Pero, conforme vamos avanzando en el desarrollo de la carrera y nos acercamos a la finalización de la misma, la mayor parte de los estudiantes nos vamos acercando a un abismo donde todos nos hacemos la misma pregunta: Y ahora, ¿qué? Solo basta echar una mirada a nuestro alrededor, para ver que el futuro no es nada halagüeño, vislumbrando dos destacados caminos: o paro y precariedad, o emigración (siendo más bien un exilio forzado). Ante esta situación, muchos optan por continuar sus estudios, siempre que la economía lo permita, ya sea matriculándose en otra carrera, cursando estudios de postrgrado, etc… y a la vez, valiéndose de esta condición para trabajar como “becarios”, una nueva forma en la que algunos han visto una nueva manera de esclavizar, pagando auténticas miserias por hacer la misma función que otro trabajador no becario. Otros muchos, se lanzan a la aventura de encontrar un trabajo, siendo un denominador común en éstos la vuelta al cabo de un par de años a cursar nuevos estudios, debido a la falta de oportunidades ofrecidas para desarrollar las aptitudes adquiridas durante los estudios. Por ello, los estudiantes que ya rozan con la punta de los dedos el final de sus respectivos estudios universitarios, no hacen más que echarse las manos a la cabeza, sintiendo cierto temor ante lo que se avecina, siendo conscientes de que pese a que forman parte de una generación con un grado de preparación y formación que generaciones antecesoras, sus condiciones de vida futuras serán seguramente mucho peores que las de éstas.
Ante esta situación, muchos concluirán que este punto de vista es demasiado pesimista, otros seguramente pensarán que lo aquí expuesto es simple realismo. En lo que la mayor parte de personas coincidirán, es que en esta temática, tenemos un gran problema. Pero debemos ser conscientes de que este problema no es único, ni los problemas existentes se circunscriben únicamente a la educación y a la juventud. Estas problemáticas derivan, junto a la gran parte de problemas encontrados en oros campos de la vida (por no decir la totalidad de problemas existentes), de un sistema que hace aguas por todas partes. Un sistema, auspiciado por la Constitución del 78, que ha basado su modelo de desarrollo en el amiguismo frente a la meritocracia, en la dominación de unos sobre otros, en el meter la mano en lo ajeno… Y para revertir esta situación, no caben medias tintas, ni reformas ni regeneraciones que valgan. Solo servirá derribar por completo el actual sistema, desde el primer hasta el último resquicio y construir entre todos, con unos cimientos fuertes, un nuevo sistema más justo, un nuevo sistema donde no se le nieguen oportunidades a nadie y no se deje tirado por el camino a ninguna persona. Y, obviamente, un nuevo sistema donde la educación, así como otros sectores básicos de la sociedad, no estén subordinados a eso que llaman “el libre mercado”. Y ante esta situación, la juventud española debe tener un papel preponderante.

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